Page 35 - Revista de musica brasileña y musicas del mundo - num.5
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UNIVERSAL  ca (puestos a ser exquisitos), sobrecoge el tamaño, la lu-  lo que indica, no sólo la falta de empatía y educación para
         Al entrar en una iglesia, especialmente antigua, románi-
                                                             con los músicos sino la ansiedad que vamos llevando.
       minosidad pero lo que más sobrecoge es “el silencio” un
       silencio que si cayera en ese momento un alfiler se oiría
                                                               Escuchar el silencio es, sin duda alguna, una de las ma-
       en metros a la redonda... eso es lo que sobrecoge de una  yores maravillas del ser humano pues es consciente por sí
       iglesia, luego hablaremos y nos pondremos místicos que  mismo de todo lo que le circunda partiendo de la base de
       Dios, el Espíritu, pero un ateo cuando entra también siente  la nada más absoluta.  Es aquel desafío del folio en blanco
 SOUND  ria casi del sonido.  Sin embargo, hasta que no llegó John  que quitar lo que sobra”. Tal vez si quitásemos lo que
       el silencio... y se sobrecoge.
                                                             o el lienzo sin nada donde todo está potencialmente hecho
                                                             y cada cual saca, como decía el gran Miguel Angel cuando
         El sonido del silencio es un tema tan viejo como la histo-
                                                             esculpió su Moisés, “no hice nada, estaba ahí y solo hay
       Cage con su obra 4’33”, donde el silencio fue sencillamente  nos sobra en la vida la dicha de ser feliz estaría más
       la expresión más absoluta de lo absoluto -llámesele como  próxima.
       se quiera- todo era silencio, cuando menos en el escenario
       pues surgió la inquietud social del público que esperaba
       “algo” y se encontraron con el silencio, algo mágico y muy   El sonido del silencio es un tema
       simbólico pues mostraba el estrés de la gente, del público
 POR RAFAEL CASTRO MARTÍN  y Cage decía “los he conmovido” sin duda aun cuando no   tan viejo como la historia casi del

       se hubiera oído más que Silencio.
                                                              sonido.  Sin embargo, hasta que no
         Si observamos un concierto, sea el género que sea, un
 Escritor y músico multidisciplinar    instante antes de empezar hay... silencio. Y terminado el  llegó John Cage con su obra 4’33”,

 interesado en el crecimiento personal  mismo, incluidos aplausos, bises, etc... hay silencio. Es el si-
       lencio el que mueve el universo. ¿Qué hay entre planetas?  donde el silencio fue sencillamente
       nada, y por tanto su sonoridad es “silencio”.  Cuando oímos
       cualquier sonata, concierto o sinfonía entre movimiento     la expresión más absoluta de lo
       siempre hay toses porque alguien no soporta aquél mági-           absoluto, todo era silencio.
         co momento de silencio entre tanta sonoridad sinfónica...


 Muchas veces buscamos un sonido único,
 mágico,  algo  que  nadie  haya  recaído  en  él.
 Un sonido que sea irrepetible y que empas-
 te  y  embellezca  a  cuantos  lo  oigan.  Con  la
 llegada del siglo XX, cansados de armonías
 tonales y sonidos ya previstos e incluso pre-
 visibles  surgieron  las  “otras  sonoridades”,
 ruidos  mejor  dicho...  y  finalmente  algunos
 genios, que para mí no tienen otro nombre,
 descubrieron el sonido “entre sonidos”, y no
 hablo del dodecafonismo de Schöemberg, de
 ese sonido que, sin vibración alguna coexiste
 con todas las sonoridades, un sonido percibi-
 do en la tierra sí, pero también en cualquier
 otro luegar del universo... estamos hablando
 de una sonoridad que se puede hacer desde
 un timbal hasta una flauta pícolo, o un vio-
 lín... estamos hablando “del silencio”.

 El silencio es un sonido de igual modo
 que el negro, ausencia de todo color es
 un color en sí mismo. Y uno va y dice “vaya
 cosa” -y tendrá razón- pero cuántas veces se
 puede estar en compañía de otro ser huma-
 no sintiendo “silencio”, del de verdad, silencio
 sin decir ni hacer ningún gesto, momento en
 el que todos juntos vibramos y empatizamos
 con los demás y por ello nos dejamos llevar
 de su vibración mientras el silencio se queda   John Cage. En 1952, este instrumentista estadounidense creó «4’33’’»,
 en la retarguardia solo “el sonido madre”, al   una obra musical basada en no tocar una sola nota, que interpretó en
 que finalmente todos recurrimos.   prestigiosos festivales de todo el mundo. Para algunos sólo fue una
                                  mala broma. Para otros, una obra de arte del siglo XX.  Foto: Paul Bergen



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